
En la era de los discos duros mecánicos, el peligro avisaba. Escuchabas un chasquido, el sistema se ponía lento o la computadora emitía pitidos extraños antes de fallar por completo. Tenías tiempo de hacer un respaldo.
Con la llegada de los Discos de Estado Sólido (SSD) y los ultrarrápidos M.2 NVMe, perdimos esa advertencia. Al no tener partes móviles mecánicas, estos dispositivos mueren en absoluto silencio. Un día funcionan a 3000 MB/s, y al siguiente, la BIOS de tu computadora simplemente dice que no hay ningún disco conectado. A este fenómeno lo conocemos en el laboratorio forense como "Muerte Súbita".